Cambio de imagen
“Que sea joven, elegante, con muy buena presencia y además, sumamente discreta”, esas fueron las condiciones que la flamante presidenta Cristina Fernández de Kirchner buscó por mucho tiempo en la mujer que debía ser su asesora personal. Y no le resultó fácil la tarea. De hecho cuando su esposo Néstor Kirchner asumió la presidencia de la Nación y Mirtha Legrand los invitó a almorzar en su tradicional programa, Cristina recibió la punzante pregunta de la conductora: “¿quién la viste a usted ahora que es Primera Dama?”. “Nadie”, respondió molesta la por entonces senadora, “yo me visto sola”. Mucha agua pasó bajo el puente desde aquel momento y la titánica labor de modificar viejos hábitos de cuidado personal y de reconstruir una imagen más sexy y jovial, con vistas a alcanzar la presidencia, sobrepasaron a la inexperta Cristina. Recién llegada de la gélida Río Gallegos, no conocía el mapa de belleza porteño y no quería caer en el criticado modelo menemista. Nada de Elsa Serrano ni mucho menos de Miguelito Romano. Estos dos personajes remontarían, irremediablemente, a la figura de Zulemita Menem y ella no quería que se notaran sus cambios. Así fue como llegó hasta el petit hotel del prestigioso Alberto Sanders. No se sabe a ciencia cierta si la convenció más la calidad de las extensiones Great Lenghts (100 por ciento pelo natural y humano) o el bajísimo perfil del peluquero que catapultó a Araceli González al universo de la moda con el corte de pelo a la garcón. Pero inmediatamente supo que allí encontraría el tesoro al final del arco iris. Fue, justamente, en el primer piso del salón de la avenida Las Heras en donde Cristina conoció a Gabriela Guerrero Martinheitz. La responsable de la comunicación y RR.PP. del estilista quedó impactada con la personalidad arrolladora de la esposa de Kirchner. Es más, cada vez que ella llegaba a retocarse el color de su cabello (dejó el azabache natural por un cobrizo que resalta sus retocadas facciones) o a colocarse más extensiones (tiene 150 puestas en su cabellera), la hija del locutor peruano Hugo Guerrero Martinheitz era la anfitriona perfecta. Así comenzaron a achicarse las distancias entre ambas.La mujer que le cambió la imagen a Cristina
Gabriela Guerrero Martinheitz, es hija del mítico conductor radial y una reconocida relacionista pública que sofisticó la imagen de la Presidenta.
